
Amasan tus manos
el alimento de un pueblo
y con el sudor de tu frente
alimentaste una familia.
Con el aroma de tu trabajo
despierta la mañana
y la alegría de mi vida.
Pan,
bizcocho,
donas,
azúcar,
harina,
café...
Día tras día,
Día tras día,
el olor a pan recién horneado
invade el hogar de los vecinos
anunciando la mañana.
Pan sobao,
pan de agua,
pan de azúcar...
Me alimentaste con tu sudor
y alimentaste mi familia,
y, mientras tus manos
siguen amasando el pan,
mi vida continua a tu sombra.
Caminé por las calles de mi barrio,
oloroso a pan,
sin nombre, sin rostro, sin cuerpo.
Simplemente...
soy la hija del panadero
que alimentó generaciones
en el pueblo.
